Familias pampeanas super endeudadas

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La economía argentina enfrenta una paradoja preocupante: mientras el Producto Bruto Interno y el consumo agregado muestran cifras récord, la capacidad de pago de las familias se ha desplomado a niveles que no se veían desde 2004.

Según datos del Banco Central y la consultora 1816, la morosidad en los préstamos a los hogares escaló del 2,5% en octubre de 2024 al 11,2% en febrero de 2026. Este incremento, que representa casi un cuadruplicamiento de la mora en poco más de un año, evidencia una fuerte tensión social en la base de la pirámide, donde el consumo impulsado por el crédito ha quedado atrapado entre salarios estancados y tasas de interés reales positivas que impiden la licuación de las deudas.

El deterioro financiero no afecta a todos los sectores por igual, siendo los préstamos personales y las tarjetas de crédito los segmentos más golpeados. Con una tasa de irregularidad del 13,8% en préstamos personales y del 11,6% en plásticos, estos instrumentos —utilizados mayormente para cubrir gastos cotidianos como alimentos y servicios— reflejan la urgencia de los sectores de ingresos medios y bajos. En contraste, los créditos hipotecarios mantienen una mora baja del 1,4%, lo que sugiere que las familias priorizan el techo propio por sobre cualquier otra obligación financiera en un contexto donde las deudas ya no se achican con la inflación, sino que crecen por encima de ella.

El escenario es aún más crítico fuera del sistema bancario tradicional. Las fintech y los proveedores de crédito no bancario reportan niveles de mora que superan el 30% en entidades vinculadas al consumo de electrodomésticos y textiles. Casos emblemáticos como Tarjeta Naranja, con una irregularidad del 35,7%, y Mercado Pago, con un 14,7%, muestran el impacto del sobreendeudamiento en millones de usuarios. Aunque estas plataformas utilizan tecnología avanzada para el monitoreo preventivo y ofrecen planes de regularización, el endurecimiento de los requisitos para otorgar nuevos préstamos está cerrando el “grifo” del financiamiento, lo que amenaza con enfriar el consumo masivo en el corto plazo.

Ante la gravedad de la situación, el debate ha llegado al Congreso con proyectos como “Segunda Oportunidad”, que busca reestructurar deudas mediante intervención estatal y quitas de intereses. Sin embargo, el Ministerio de Economía y los analistas privados coinciden en que la solución de fondo requiere una recuperación genuina del salario real y una baja sostenida de las tasas. Mientras el sistema financiero se mantiene resiliente gracias a altos niveles de previsión, el riesgo de una retroalimentación negativa persiste: si la mora no se detiene, el crédito seguirá encareciéndose, poniendo en jaque el ciclo de recuperación económica que el país intenta consolidar.

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