BYE BYE, PIRATA

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Adrián Dalmasso*
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Enzo Fernández juega con un vendaje en su muñeca. En él escribe siempre la frase: “Enzo niño”. Es un anclaje emocional. Algo con lo cual rescatarse en momentos de presión y nervios. Ir a las fuentes, volver al sentido de lo lúdico, a la génesis de todo. Al barrio, los amigos, la pelota. Los ingleses inventaron el juego, le pusieron reglas y formas y lo diseminaron por el mundo. Bajó de los barcos en el Puerto de Buenos Aires. Pero, una vez aquí, Argentina le dio la esencia, el alma que lo hace palpitar y lo aferra al inconsciente del pueblo y de las masas. Eso que lo vuelve el deporte más bello e hijo de puta jamás creado.
Hoy, cuando las papas quemaban y el nubarrón del pesimismo amenazaba, Argentina —por vergüenza e identidad— sacó el niño de adentro. La pelota como objeto intangible. Ese deseo ancestral que nace del fuego de mil postergaciones, de esas que los ingleses jamás tendrá. Se entregó 45 minutos con el corazón aplicado al imperecedero valor de jugar. Y jugar. Y jugar. Y jugar. Porque de eso se trata. Al menos así lo aprendemos desde que pisamos un potrero por primera vez. Este equipo es la mejor representación de los pataduras a los que no nos dio el talento para llegar.
A veces está bueno escribir con el corazón. En emoción violenta. Y no pedir disculpas por ello. Los argentinos perdemos siempre. Todo el tiempo. Siempre sobra mucho mes al final del sueldo. Se rifa un choreo y un balazo en cada esquina. No hay laburo ni a gancho. Nos gobierna cada vez uno peor. Se bebe arena. Se traga mierda. ¿Cuántas veces, realmente, uno es feliz en este pago desangelado y, al mismo tiempo, milagroso? ¿Cuántas cosas realmente inflan el pecho de orgullo cuando en la diaria todo es pálida?
Y en eso está el fútbol. Y está esta maravilla a la que bautizaron Scaloneta, el paralelo futbolero de la Generación Dorada del Básquet. Y está ese milagro llamado Messi, ahora, de grande, maradoneando; genio siempre, aun a los 39 y con la fatiga a cuestas. Y están Dibu y el Cuti, fieras totales. Y las Ferraris del medio: Paredes, EnzoF, Alexis, De Paul; esta tarde, como en 2022. Y están la Araña y el Toro, delanterazos con la grandeza de resignar cartel. Ya 2026 es más que 2022, incluso si el domingo no se corona.
Y está luego todo lo demás que viene con el juego. Porque contra Inglaterra es especial. Y es más especial para nosotros que para ellos. Porque ellos ganaron la guerra y nosotros la perdimos. Porque ellos nos mataron y nosotros lloramos a nuestros muertos. Porque ellos están en la tierra donde nosotros deberíamos estar. Porque nos saquearon, nos invadieron, nos esquilmaron. Hoy Argentina lo ganó desde que se entonaron los himnos. Luego, el juego llevó el desarrollo a una remontada épica sobre el final, lograda con fútbol y corazón, pero justa en toda justicia. En pleno delirio por el festejo, una bandera llegó al campo de juego. La extendió Giovani Lo Celso para mostrarle al mundo lo que todo el mundo ya sabe: “Las Malvinas son argentinas”. Ese trapo hizo más por la soberanía, que 40 años de diplomacia.
Pensé en aquellos pibes, en estos veteranos de hoy, que se jugaron la vida por la patria, cuando el árbitro pitó el final. Los que fueron y volvieron y los que no. Bye bye, Pirata. Devolvé lo que robaste. Y saludos al pan triste de tu Rey.
(*) Periodista – Conductor de Noticiero 3

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