La identidad gastronómica argentina atraviesa un presente complejo.
Según los datos revelados durante el primer trimestre de 2026, dos de los tres pilares fundamentales de la canasta cultural —el mate y el asado— sufrieron retrocesos significativos en el mercado interno. Mientras que la yerba mate y la carne vacuna registraron caídas en sus niveles de despacho y consumo, el vino se posicionó como el único sobreviviente de este triunvirato, logrando mantenerse a flote con una leve tendencia positiva en las góndolas nacionales.
El sector yerbatero cerró los primeros tres meses del año con una baja del 2,1% en las salidas de molino hacia el mercado interno, totalizando poco menos de 65 millones de kilogramos. A pesar de este enfriamiento en la demanda de los hogares, el sector productivo muestra una cara opuesta: la cosecha de hoja verde experimentó un crecimiento notable, procesando más de 80 millones de kilogramos frente a los 65 millones del año anterior. Esta paradoja de mayor oferta y menor consumo doméstico marca un inicio de año cauteloso para el producto más emblemático de la cotidianeidad nacional.
Por su parte, el asado es el que ha recibido el golpe más severo debido a una combinación de factores climáticos y precios históricos. El consumo de carne vacuna se desplomó un 10% interanual en este trimestre, con una pérdida de más de 56.000 toneladas en el mercado local. La Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (Ciccra) atribuye este escenario a la menor oferta de hacienda tras años de sequías seguidas por inundaciones, lo que disparó el precio del animal en pie a niveles récord en quince años. Con un consumo per cápita que cayó a 47,3 kilogramos anuales, el mercado interno ha cedido terreno frente a un sector exportador que creció un 11,4%.
En contrapartida, el vino logró una recuperación moderada al registrar un incremento del 1,5% en sus ventas acumuladas. El impulso principal provino del vino sin mención varietal y de los envases de bajo costo como el tetra brik, que creció un 4,8% frente a la caída de formatos más grandes como la damajuana. Marzo fue el mes clave para la industria vitivinícola, con un alza del 8,4% que permitió elevar el promedio del trimestre y cerrar con un consumo de 1,30 litros por habitante, consolidándose como el único de los consumos tradicionales que, por ahora, logra esquivar la tendencia contractiva.


